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Selección de los Escritos del Báb:
Compilado por el Departamento de Investigación de la Casa Universal de Justicia

by The Báb

translated by Habib Taherzadeh and Malihe Forghani
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Chapter 7



7. ORACIONES Y MEDITACIONES

En el nombre de Dios, el Señor de grandiosa majestad, el que todo lo ordena.

Bendito sea el Señor, en cuya mano se encuentra la fuente de todo dominio. El crea lo que El desea mediante su orden de mando "Sé", y es. Suyo ha sido el poder de autoridad en el pasado y suyo seguirá siendo en el futuro. El hace victorioso a quienquiera El desea, mediante la potencia de su voluntad. El es en verdad el Potente, el Todopoderoso. A El pertenecen toda gloria y majestad en los reinos de Revelación y Creación y todo lo que existe entre ellos. En verdad, El es el Potente, el Todo-Glorioso. Desde toda eternidad El ha sido la Fuente de fortaleza inquebrantable y así seguirá siéndolo eternamente. El es en verdad el Señor de fuerza y poder. Todos los reinos del cielo y de la tierra y lo que existe entre ambos son de Dios y su poder es superior a todas las cosas. Todos los tesoros de la tierra y del cielo y todo lo que existe entre ambos son suyos y su protección abarca a todas las cosas. El es el Creador de los cielos y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos y verdaderamente El es testigo de todas las cosas. El es el Señor de las cuentas de todos los que habitan en los cielos y en la tierra y de todo lo que existe entre ambos y en ver dad El es rápido en las cuentas. El establece la medida asignada a todos los que están en los cielos y en la tierra y a todo lo que existe entre ambos. En verdad El es el Supremo Protector. En su mano están las llaves del cielo y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos. Mediante el poder de su mandato otorga dones según su placer. Verdaderamente, su gracia abarca a todos. El es el que todo lo sabe.
Di: Dios me es suficiente. El es quien sostiene en su mano el reino de todas las cosas. Mediante el poder de sus huestes del cielo y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos, El protege a quienquiera El desea de entre sus siervos. En verdad Dios vigila todas las cosas.
¡Inmensurablemente exaltado eres Tú, oh Señor! Protégenos de lo que hay delante y detrás de nosotros, sobre nuestras cabezas, a nuestra derecha, a nuestra izquierda, bajo nuestros pies y a cualquier otro lado al que estemos expuestos. Verdaderamente tu protección sobre todas las cosas es infalible.77

Haz descender tus bendiciones, oh Mi Señor, sobre el Árbol del Bayán, sobre su raíz y su tronco, sus tallos, sus hojas, sus frutos y sobre cualquier cosa que sostenga o resguarde. Haz que este Árbol se convierta en un Pergamino espléndido para ser ofrecido a la persona de Aquel a quien Tú harás manifiesto en el Día del Juicio, para que El pueda generosamente permitir que la compañía entera de los seguidores del Bayán sean vueltos a la vida y para que El pueda, mediante su bondad, inaugurar una nueva creación.
En verdad, todos nosotros no somos más que mendigos ante tu tierna merced y humildes siervos ante las manifestaciones de tu amorosa bondad. Yo Te suplico, por las efusiones de tu generosidad y tus bendiciones, oh mi Señor, y por las evidencias de tus favores y gracia celestiales, oh mi Bienamado, que guardes a Aquel a quien Dios hará manifiesto de forma que ninguna señal de desaliento pueda afectarle.

77 El original de esta oración para la protección está escrita con la letra del Báb mismo, en forma de pentágono.

Inmensurablemente glorificado y exaltado estás Tú. ¿Cómo puedo yo hacer mención de Ti, oh Tú el Amado de la creación entera? ¿Y cómo puedo yo re conocer tu llamada, oh Tú ante quien toda cosa creada permanece en estado de temerosa reverencia? La estación más elevada a la que puede remontarse la percepción humana y la altura mayor a la que pueden escalar las mentes y almas de los hombres no son sino señales creadas mediante la potencia de tu mandamiento y signos manifestados por el poder de tu Revelación. Lejos esté de tu gloria el que cualquier otro salvo Tú haga mención de Ti o intente expresar tu alabanza. La esencia misma de cualquier realidad atestigua su exclusión de los re cintos de la corte de tu cercanía y la quintaesencia de cada ser testifica su fracaso en alcanzar tu sagrada Presencia. ¡Infinitamente glorificado y exaltado estás Tú! La única cosa digna de Ti es la mención apropiada hecha por tu propio Ser y el himno de alabanza pronunciado por tu propia Esencia...
Mediante la revelación de tu gracia, oh Señor, Tú Me llamaste a la existencia en una noche como ésta 78 y ahora heme aquí solo y abandonado en una montaña. Alabanzas y gracias Te sean dadas por cualquier cosa conforme a tu deseo dentro del imperio del cielo y de la tierra. Tuya es toda soberanía, extendida más allá de los últimos niveles de los reinos de la Revelación y de la Creación.

78 Se refiere al cumpleaños del Báb, el primer día del mes de Muharraq de 1235 A.H. (20 Octubre de 1819)

Tú Me creaste, oh Señor, mediante tu generoso favor, y Me protegiste mediante tu bondad, en la oscuridad del seno materno y Me nutriste mediante tu cariñosa bondad con la sangre vivificadora.
Después de haberme dado la más gentil de las apariencias mediante tu tierna providencia y haber perfeccionado mi creación mediante tu excelente artesanía y soplado tu Espíritu en mi cuerpo mediante tu merced infinita y por la revelación de tu trascendente unidad, hiciste que surgiera del mundo de lo oculto al mundo visible, desnudo, ignorante de todas las cosas e incapaz de lograr nada. Luego Tú me alimentaste con la leche refrescante y con manifiesta compasión Me criaste en los brazos de mis padres, hasta que generosamente Me hiciste conocer las realidades de tu Revelación y Me informaste acerca del sendero recto de tu Fe expuesta en tu Libro. Y cuan do alcancé la plena madurez, Tú hiciste que rindiera homenaje a tu Recuerdo inaccesible y Me permitiste avanzar hacia la estación destinada, en la que Me educaste mediante las sutiles operaciones de tu obra artesana y Me alimentaste en esa tierra con tus dádivas más generosas. Cuando ocurrió aquello que había sido preordenado en tu Libro. Tú mediante tu bondad Me hiciste llegar a tus recintos sagrados y, mediante tu tierna merced, Me permitiste habitar dentro de la corte de tu camaradería, hasta que en ella comprendí lo que comprendí de las claras señales de tu misericordia, las evidencias compelentes de tu unidad, los esplendores efulgentes de tu majestad, el origen de tu suprema singularidad, las alturas de tu trascendente soberanía, los signos de tu unicidad; las manifestaciones de tu exaltada gloria, los recintos de tu santidad y todo aquello que es inescrutable para todos salvo para Ti.

Verdaderamente Yo soy tu siervo, oh mi Dios, y tu mendigo y tu suplicante y tu miserable criatura. He llegado hasta tu puerta, buscando tu protección. No he hallado contento alguno salvo en tu amor, ni alborozo excepto en tu recuerdo, ni anhelo alguno salvo en la obediencia a Ti, ni alegría salvo en tu cercanía, ni tranquilidad excepto en la reunión contigo, a pesar de que soy consciente de que todas las cosas creadas están fuera de tu Sublime Esencia y la creación entera está privada del acceso a tu Ser interior. Cada vez que intento acercarme a Ti, no percibo en mí más que las señales de tu gracia y no contemplo en mi ser más que las revelaciones de tu amorosa bondad. ¿Cómo puede alguien que no es más que una de tus criaturas buscar la comunión contigo y alcanzar tu presencia, cuando ninguna cosa creada puede jamás asociarse contigo y nada puede comprender te? ¿Cómo es posible que un humilde siervo Te reconozca y exprese tu alabanza, si Tú has destinado para él las revelaciones de tu dominio y los maravillosos testimonios de tu soberanía? Así cada cosa creada es testigo de su exclusión del santuario de tu presencia, merced a las limitaciones impuestas a su realidad íntima. Es indudable, sin embargo, que la influencia de tu atracción ha sido eternamente inherente a las realidades de tu obra, aunque lo que es digno de la elevada corte de tu providencia se encuentra muy por encima del alcance de la creación entera. Esto indica, oh mi Dios, mi absoluta impotencia para alabarte y revela mi máxima incapacidad para ofrecerte mi agradecimiento, cuánto más para alcanzar el reconocimiento de tu divina unidad o lograr obtener las evidentes señales de tu alabanza, tu santidad y tu gloria. No, por tu poder, no anhelo nada salvo tu propio Ser y a ningún otro busco salvo a Ti.

Magnificado sea tu Nombre, oh Dios. Tuyos son en verdad los reinos de la Creación y la Revelación y verdaderamente en nuestro Señor hemos depositado nuestra entera confianza. Toda alabanza sea para Ti, oh Dios. Tú eres el Hacedor de los cielos y de la tierra y de lo que existe entre ellos y Tú eres verdaderamente el supremo Regidor, el Modelador, el Sabio. ¡Glorificado eres Tú, oh Señor! De seguro Tú reunirás a la humanidad para el Día acerca de cuya venida no existe ninguna duda —el Día en que todos aparecerán ante Ti y hallarán la vida en Ti. Este es el Día del único Dios verdadero —el Día que Tú harás que se desenvuelva según Te plazca, mediante el poder de tu voluntad.

Alabado sea tu Nombre, oh Dios. Tú eres en verdad nuestro Señor. Tú sabes de todo lo que existe en los cielos y en la tierra. Envíanos, entonces una muestra de tu misericordia. En verdad, Tú no tienes rival entre los que manifiestan misericordia. Toda alabanza sea para Ti, oh Señor. Ordena para nosotros desde tu presencia aquello que consuele los corazones de los sinceros de entre tus siervos. Glorificado eres Tú, oh Señor. Tú eres el Creador de los cielos y de la tierra y de lo que existe entre ambos. Tú eres el Señor soberano, el Más Santo, el Todopoderoso y el Sabio. Magnificado sea tu Nombre, oh Señor. Envía para aquellos que han creído en Dios y en sus signos tu ayuda poderosa, de forma que les permita prevalecer sobre la mayoría de los hombres.

Gloria sea a Ti; oh Dios. ¿Cómo puedo yo hacer mención de Ti cuando Tú estás por encima de la alabanza de toda la humanidad? Magnificado sea tu Nombre, oh Dios. Tú eres el Rey, la Verdad Eterna. Tú conoces lo que está en los cielos y en la tierra y a Ti todos regresaremos. Tú has enviado tu Revelación divinamente ordenada, de acuerdo con una clara medida. Alabado eres Tú, oh Señor. Según tu deseo, Tú haces victorioso a quienquiera Te place, mediante las huestes del cielo y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos. Tú eres el Soberano, la Verdad Eterna, el Señor de poder invencible.
Glorificado eres Tú, oh Señor. Tú perdonas en todo momento los pecados de aquellos de entre tus siervos que imploran tu perdón. Elimina mis peca dos y los pecados de aquellos que anhelan tu perdón, al amanecer, quienes Te oran durante el día y la no che, quienes no tienen otro deseo salvo Dios, quienes ofrecen todo lo que Dios generosamente les ha otorgado, quienes celebran tu alabanza a la salida del sol y al atardecer y quienes no olvidan sus deberes.

Alabado seas Tú, oh Señor. Perdónanos nuestros pecados, ten misericordia de nosotros y permítenos volver a Ti. No dejes que dependamos de otro más que de Ti y concédenos, mediante tu bondad, lo que Tú amas y deseas y aquello que es digno de Ti. Exalta la estación de aquellos que verdaderamente han creído y redímeles con tu generoso perdón. Verdaderamente, Tú eres el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

¡Oh Dios, nuestro Señor! Protégenos mediante tu gracia de cualquier cosa que Te sea detestable y con cédenos aquello que es propio de Ti. Otórganos una mayor parte de tu bondad y bendícenos. Perdónanos por las cosas que hemos hecho, límpianos de nuestros pecados y perdónanos con tu gracia perdona dora. Verdaderamente Tú eres el Más Exaltado, el que subsiste por Sí mismo.
Tu amorosa providencia ha abarcado a todas las cosas creadas en los cielos y en la tierra y tu perdón ha sobrepasado a la creación entera. Tuya es la soberanía. En tus manos están los Reinos de la Creación y de la Revelación, en tu mano derecha Tú sostienes a todas las cosas creadas y en tu poder están las medidas de perdón asignadas. Tú perdonas a quien desees de entre tus siervos. En verdad, Tú eres el que siempre perdona, el que todo lo ama. Absolutamente nada escapa a tu conocimiento y para Ti no hay nada oculto.
¡Oh Dios, nuestro Señor! Protégenos mediante la fuerza de tu poder, permítenos entrar en tu maravilloso océano y concédenos aquello que es digno de Ti.
Tú eres el Soberano Regidor, el Hacedor Poderoso, el Exaltado, el Más Bondadoso.

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! Nada absolutamente escapa a tu conocimiento, ni existe cosa alguna que pueda deslizarse de tu puño o que pueda frustrar tu propósito, ya sea en los cielos o en la tierra, en el pasado o en el futuro.

Tú ves el Paraíso y los moradores del mismo. Tú contemplas el reino inferior y los habitantes de éste. Todos somos tus siervos y estamos asidos de tu mano.
¡Oh Señor! Haz victoriosos en tus días a tus pacientes siervos, concediéndoles una merecida victoria, pues ellos han anhelado el martirio en tu sendero. Envía para ellos aquello que alivie sus mentes, alegre su ser interior, dé seguridad a sus cuerpos, y permite que sus almas asciendan a la presencia de Dios, el Más Exaltado, y alcancen el supremo Paraíso y esos rincones de gloria que Tú has destinado para los hombres de verdadero conocimiento y virtud. En verdad, Tú sabes todas las cosas, mientras que nosotros no somos más que tus siervos, tus esclavos, tus vasallos y tus mendigos. A ningún otro Señor invocamos salvo a Ti, oh Dios nuestro Señor, ni imploramos las bendiciones o la gracia a nadie salvo a Ti, oh Tú quien eres el Dios de generosidad para este mundo y el próximo. Nosotros no somos más que encarnaciones de pobreza, de nulidad, de impotencia y de perdición, mientras que tu Ser completo da muestras de riqueza, independencia, gloria, majestad y gracia ilimitada.
Convierte nuestra recompensa, oh Señor, en aquello que sea digno de Ti de todo el bien de este mundo y del venidero, y de las múltiples bondades esparcidas desde lo alto hasta abajo en la tierra.
En verdad, Tú eres nuestro Señor y el Señor de todas las cosas. En tus manos nos encomendamos, anhelando las cosas que a Ti pertenecen.

¡Glorificado sea tu Nombre, oh Señor! ¿En quién encontraré yo refugio si Tú eres en verdad mi Dios y mi Amado? ¿A quién me volveré buscan do protección si Tú eres mi Señor y mi Poseedor y a quién me dirigiré si Tú eres, en ver dad, mi Maestro y mi Santuario? ¿A quién imploraré si Tú eres en verdad mi Tesoro y el Objeto de mi deseo y por mediación de quién confesaré yo ante Ti, si Tú eres en verdad mi más elevada aspiración y mi supremo deseo? Toda esperanza ha sido frustrada excepto el deseo ardiente de tu favor celestial y toda puerta está cerrada excepto el portal que conduce a la fuente de tus bendiciones.
Te suplico, oh mi Dios, por tu resplandor más re fulgente, ante cuya luz toda alma se inclina humildemente y se postra en adoración por su amor a Ti
—un resplandor ante cuya radiancia el fuego se con vierte en luz, los muertos son vivificados y cualquier dificultad se convierte en descanso. Yo Te pido por este grande y maravilloso esplendor y por la gloria de tu exaltada soberanía, oh Tú que eres el Señor de Poder invencible, que nos transformes mediante tu bondad en aquello que Tú mismo posees y nos permitas convertirnos en fuentes de tu luz y nos concedas generosamente aquello que sea digno de la majestad de tu trascendente dominio. Hacia Ti he elevado yo mis manos, oh Señor, y en Ti he halla do apoyo protector, oh Señor, y a Ti me he entre gado, oh Señor, y en Ti he depositado toda mi Confianza, oh Señor, y por Ti soy fortalecido, oh Señor.
En verdad, no existe poder ni fuerza salvo en Ti.

Tú sabes, oh mi Dios, que desde el día en que Tú Me llamaste a la existencia de las aguas de tu amor hasta que alcancé los quince años viví en la tierra que presenció mi nacimiento (Shíráz). Luego Tú Me permitiste ir al puerto (Búshihr) donde durante cinco años estuve ocupado en el comercio de las dádivas excelentes de tu reino y en aquello con lo que Tú Me has favorecido gracias a la esencia maravillosa de tu amorosa bondad. Desde allí procedí a la Tierra Santa (Karbilá), donde residí durante un año. Después regresé al lugar de mi nacimiento. Ahí experimenté la revelación de tus dones sublimes y las evidencias de tu gracia ilimitada. Te ofrezco mis alabanzas por todas tus excelentes dádivas y Te doy las gracias por tu generosidad. A la edad de veinticinco años me dirigí a tu sagrado Hogar (Meca) y transcurrió un año antes de regresar a mi ciudad natal. Allí aguardé pacientemente en el sendero de tu amor y contemplé las evidencias de tus múltiples generosidades y de su amorosa bondad, hasta que Tú Me ordenaste emprender el camino hacia Ti y trasladar me a tu presencia. De esta forma partí mediante tu deseo, permaneciendo seis meses en la tierra de Sád (Isfáhán) y siete meses en la Primera Montaña (Mákú), donde hiciste llover sobre Mí aquello que es propio de la gloria de tus bendiciones celestiales y es digno de la sublimidad de tus generosos dones y favores. Ahora en mi trigésimo año Tú Me ves, oh Mi Dios, en esta Penosa Montaña (Chihríq) en la que he morado por espacio de un año entero.
Alabado seas, oh mi Señor, en todo momento, hasta ahora y en lo sucesivo; y gracias Te sean dadas, oh Mi Dios, en todas condiciones, pasadas o futuras. Los favores que Tú me has conferido han llega do a su máxima medida y las bendiciones que Tú has derramado sobre Mí han llegado a su consumación. En este momento soy testigo únicamente de las múltiples evidencias de tu gracia y amorosa generosidad, tu munificencia y bondadosos favores, tu generosidad y sublimidad, tu soberanía y poder, tu esplendor y tu gloria, y de aquello que es propio de la sagrada corte de tu trascendente dominio y majestad y es digno de los gloriosos recintos de tu eternidad y exaltación.

Soy consciente, oh Señor, de que mis transgresiones han cubierto mi rostro de vergüenza en tu presencia y han cargado mis espaldas ante Ti, se han interpuesto entre tu hermoso rostro y yo, me han cercado por todas partes y me han cerrado el paso completamente al acceso a las revelaciones de tu poder celestial.
¡Oh Señor! ¿Si Tú no me perdonas, quién será el que otorgue perdón, y si Tú no tienes misericordia de mí, quién será capaz de mostrar compasión? Gloria sea a Ti. Tú me creaste cuando yo no existía y Tú me alimentaste mientras carecía de todo entendimiento. Alabado seas Tú. Cualquier evidencia de bondad procede de Ti, y toda muestra de misericordia emana de los tesoros de tu decreto.

Te ruego, oh mi Señor, me perdones por cualquier mención hecha aparte de la mención de Ti y por cualquier alabanza que no sea tu alabanza y por cualquier complacencia excepto la complacencia en tu cercanía y por cualquier placer que no sea el placer de la comunión contigo; por cualquier alegría fuera de la alegría de tu amor y de tu complacencia y por todas las cosas que a mí me pertenecen y que no tienen relación contigo, oh Tú que eres el Señor de señores, quien provee los medios y quien abre las puertas.

¿Cómo puedo Yo alabarte, oh Señor, por las evidencias de tu esplendor poderoso y por los dulces sabores que Tú Me has ofrecido en esta fortaleza, en tal grado que nada de lo que existe en los cielos o en la tierra tiene comparación con ellos? Tú has velado por Mí en el corazón de esta montaña, donde me encuentro rodeado de montañas por todas partes. Una cuelga sobre Mí, otras se elevan a mi derecha y a tu izquierda y aún otra se levanta enfrente de Mí, Gloria sea a Ti; no hay otro Dios salvo Tú. Cuán a menudo he visto rocas abalanzándose desde la montaña sobre Mí y Tú Me protegiste de ellas y Me guardaste dentro de la fortaleza de tu divina unidad.
Glorificado y exaltado eres Tú y alabado seas por todo lo que amas y deseas y gracias Té sean dadas por aquello que Tú has decretado y preordenado. Desde tiempo inmemorial nos ha sido enviada tu tierna misericordia y el proceso de tu creación ha sido y siempre es incesante. Tu obra es distinta a la labor de cualquiera que no seas Tú y tus excelentes dádivas no tienen comparación con las dádivas de cualquiera fuera de Ti mismo.
Alabado seas Tú, oh mi Amado, y magnificado sea tu Nombre. Desde el momento en que puse pie en esta fortaleza hasta el instante en que salga de ella, Te veo establecido en tu trono de gloria y majestad, haciendo descender sobre Mí las múltiples señales de tu gracia y bondadosos favores. Tú ves que mi morada es el corazón de las montañas y distingues que en mi persona no hay nada salvo las evidencias de la humillación y la soledad.
Alabado sea tu Nombre. Te doy las gracias por cada uno de tus decretos inescrutables y ofrezco mi alabanza por cada signo de tus tribulaciones. Permitiendo que sea arrojado a esta prisión, la convertiste para Mí en un jardín del Paraíso e hiciste que se convirtiera en una cámara de la corte de compañerismo eterno.
¡Cuán numerosos los versos que Tú Me enviaste y las oraciones que Me oíste ofrecerte! ¡Cuán diversas las revelaciones que trajiste a la existencia a través de Mí y las experiencias que en Mí evidenciaste!
Magnificado sea tu Nombre. Incontables pruebas han sido incapaces de privarme de ofrecer gracias a Ti, y mis limitaciones no han podido evitar que Yo ensalce tus virtudes. Los infieles se habían propuesto convertir mi morada en una morada de desgracia y humillación. Pero Tú Me has glorificado median te mi alabanza de Ti, Me has ayudado bondadosa mente mediante las revelaciones de tu unidad y Me has conferido un gran honor mediante los esplendores refulgentes de tu antigua eternidad. Tú le ordenas al fuego "Sé un bálsamo aliviador para mi siervo" y a la prisión "Sé un trono de tierna compasión para mi siervo, como señal de mi parte". Sí, juro por tu gloria. Para mí la prisión ha resultado no ser otra cosa que el más exquisito jardín del Paraíso y ha representado el lugar más noble en el reino superior.
Alabado y glorificado eres Tú. Cuán a menudo cayeron las adversidades sobre Mí y Tú las mitigaste y desviaste mediante tu bondadoso favor. Y cuántas veces se promovieron tumultos en mi contra por parte de la gente, subordinándolos Tú mediante tu tierna misericordia. Cuán numerosas las ocasiones en que los Nimrods encendieron fuegos con los que quemarme, pero Tú los convertiste en bálsamos para Mí; y cuán numerosos los momentos en que los infieles decretaron mi humillación y Tú hiciste de ellos señales de honor para Mí...
En verdad, Tú eres la más elevada aspiración de todo buscador sincero y el objeto del deseo de aquellos que Te anhelan. Tú eres Aquel que está dispuesto a contestar la llamada de quienes reconocen tu divina unidad y Aquel ante quien los cobardes permanecen atemorizados. Tú eres el que ayuda al necesitado, el Libertador de los cautivos, el que humilla a los opresores, el Destructor de los malhechores, el Dios de todos los hombres, el Señor de todas las cosas creadas. Tuyos son los reinos de la Creación y de la Revelación, oh Tú que eres el Señor de todos los mundos.
¡Oh Tú el Autosuficiente! Tú Me bastas ante cualquier dificultad que descienda sobre Mí y en toda aflicción que Me acose. Tú eres mi único Compañero en mi retiro, y el Regocijo de mi corazón en mi soledad, y en mi prisión y mi morada, mi Amado. ¡No hay otro Dios más que Tú!
Aquel a quien Tú bastes no será jamás agraviado; aquel a quien Tú protejas jamás perecerá; aquel a quien Tú ayudes jamás será humillado, y aquel a quien Tú dirijas tu mirada jamás se alejará de Ti.
Decreta para nosotros, pues, aquello que de Ti proceda y perdónanos por lo que somos. Verdadera mente Tú eres el Señor de poder y gloria, el Señor de todos los mundos. "Lejos está la gloria de tu Señor, el Señor de toda grandeza, de aquello que le imputan. La paz sea con sus Apóstoles. Alabado sea Dios el Señor de todos los mundos". 79

79 Corán 37: 180-182

¡Gloria sea a Ti, oh Señor! Tú eres el Dios que ha existido antes de todas las cosas, quien existirá después de todas las cosas y perdurará más allá de todas las cosas. Tú eres el Dios que conoce todas las cosas y es superior a todas las cosas. Tú eres el Dios que trata con misericordia a todas las cosas, quien juzga entre todas las cosas y cuya visión abarca a todas las cosas. Tú eres Dios mi Señor. Tú eres consciente de mi posición, Tú eres testigo de mi ser interior y exterior.
Concédeme tu perdón, así como a todos los creyentes que respondieron a tu Llamada. Sé Tú quien me apoye suficientemente ante las maldades de quien quiera desee inflingir sobre mí algún castigo o me desee algún mal. Verdaderamente Tú eres el Señor de todas las cosas creadas. Tú satisfaces a todos, mientras que nadie puede considerarse autosuficiente sin Ti.


Yo Te imploro por el esplendor de la luz de tu gloriosa faz, le majestad de tu antigua grandeza y el poder de tu trascendente soberanía, que ordenes para nosotros, en este momento, todo lo que es bueno y deseable y destines para nosotros cada porción de las efusiones de tu gracia. Pues tus dádivas no Te causan pérdida alguna, ni disminuyen tu riqueza los favores que nos otorgas.
¡Glorificado eres Tú, oh Señor! En verdad yo soy pobre, mientras que Tú eres rico. Verdaderamente yo soy débil, mientras que Tú eres el poderoso. En verdad yo soy impotente y Tú eres el potente. En verdad yo estoy humillado y Tú eres el más exalta do. En verdad yo me encuentro apenado, mientras que Tú eres el Señor de poder.

Ordena para Mí, oh Señor, toda cosa buena que hayas creado o vayas a crear y protégeme de cualquier mal que Tú detestes de entre las cosas que hayas hecho o hagas que existan. En verdad tu cono cimiento abarca a todas las cosas. Alabado seas Tú. Verdaderamente no hay Dios salvo Tú y nada de lo que existe en los cielos o en la tierra y de lo que hay entre ambos puede jamás desviar tu propósito. Poderoso eres Tú sobre todas las cosas.
Lejos esté de la sublimidad de tu Ser, oh mi Señor, el que alguien busque tu amorosa bondad o favor. Lejos esté de tu trascendente gloria el que alguien implore las evidencias de tus favores y tu tierna merced. Demasiado elevado eres Tú para que cualquier alma busque la revelación de tu misericordiosa pro videncia y amoroso cuidado, y demasiado santificada es tu gloria para que alguien pueda suplicarte las efusiones de tus bendiciones y de tu bondad y gracia celestiales. En tu reino del cielo y de la tierra, dotado de múltiples bendiciones, Tú estás infinitamente glorificado por encima de cualquier cosa a la que pueda atribuirse identidad alguna.
Todo lo que Te pido, oh mi Dios, es que antes de que mi alma parta de mi cuerpo me permitas obtener tu complacencia, aunque me fuera concedida por un instante más pequeño que la fracción infinitesimal de un grano de mostaza. Pues si parte mientras Tú estás contento conmigo, estaré libre de toda preocupación o angustia; pero si me abandona mientras Tú estás descontento conmigo, entonces, aunque hubiera realizado todas las acciones buenas, ninguna me serviría y aunque me hubiera ganado todos los honores y glorias, ninguno de ellos serviría para ensalzarme.
Yo Te pido sinceramente, oh mi Dios, que generosamente me concedas tu complacencia en el momento en que ordenes mi ascensión hacia Ti y hagas que aparezca ante tu sagrada presencia, pues Tú has sido desde siempre el Dios de bondad infinita para el pueblo de tu reino y el Señor de los más excelentes dones para todos los que habitan en c elevado cielo de tu complacencia.

¡Cuán numerosas las almas vivificadas que en tu sendero fueron expuestas a extrema humillación por exaltar tu Palabra y glorificar tu Divina Unidad! ¡Cuán abundante la sangre derramada por tu Fe para vindicar la autenticidad de tu Misión divina y celebrar tu alabanza! ¡Cuán vastas las posesiones injustamente confiscadas en el sendero de tu amor para afirmar la sublimidad de tu santidad y ensalzar tu glorioso Nombre! ¡Cuán numerosos los pies que han hollado el polvo para magnificar tu santa Palabra y alabar tu gloria! ¡Cuán innumerables los gritos de lamento elevados, los corazones sobrecogidos de terror, los penosos infortunios que nadie más que Tú puede imaginar y las adversidades y aflicciones inescrutables para cualquiera salvo para Ti mismo; y todo ello para establecer, oh mi Dios, la exaltación de tu santidad y para demostrar el carácter trascendente de tu gloria!
Estos decretos fueron ordenados por Ti con el fin de que todas las cosas creadas pudieran atestiguar que han sido traídas a la existencia por ninguna otra causa salvo la tuya. Tú les has privado de las cosas que producen tranquilidad a sus corazones, para que puedan saber con certeza que todo lo que está asociado con tu santo Ser es muy superior y está muy por encima de toda otra cosa que pudiera Satisfacerles, pues tu invencible poder abarca a todas las cosas y nada puede frustrarlo jamás.
Verdaderamente Tú has hecho que se produzcan estos importantísimos hechos para que aquellos que están dotados de percepción puedan reconocer fácilmente que Tú los ordenaste para demostrar la sublimidad de tu Unidad divina y afirmar la exaltación de tu Santidad.

¡Gloria sea a Ti, oh Señor! Aunque Tú puedas hacer que una persona sea destituida de toda posesión mundana y que desde el comienzo de su vida hasta su ascensión hacia Ti pueda ser reducido a la pobreza, mediante la operación de tu mandato, si Tú le hicieras surgir del Árbol de tu amor, tal merced sería en verdad para él mucho mejor que todas las cosas que Tú has creado en el cielo y en la tierra y todo lo que se encuentra entre ambos. A través de la revelación de tus favores, heredará el hogar celestial y participará de las excelentes dádivas que en él Tú has provisto, pues las cosas que se encuentran contigo son interminables. Esta es en verdad tu bendición que, de acuerdo Con la complacencia de tu voluntad, otorgas a quienes caminan por el sendero de tu amor.
Cuán numerosas las almas que en tiempos pasados fueron sacrificadas por amor a Ti y de cuyos nombres todos los hombres se enorgullecen ahora; y cuán vasto el número de aquellos a quienes permitiste adquirir riquezas terrenales, quienes las amasaron mientras se encontraban privados de tu Verdad, y que han pasado hoy al olvido. Porque a éstos les aguarda un grave castigo y un duro escarmiento.

¡Oh Señor! Permite que el Árbol de tu divina Unidad crezca con rapidez. Riégalo pues, oh Señor, con las aguas corrientes de tu favor y ante las revelaciones de tu seguridad divina haz que dé tales frutos como los que Tú deseas para tu glorificación y exaltación, tu alabanza y agradecimiento, que magnifique tu Nombre, alabe la unicidad de tu Esencia y Te ofrezca su adoración, pues todo esto se encuentra en tu mano y no en la de ningún otro.
Grande es la bendición de aquellos cuya sangre has escogido para regar con ella el Árbol de tu afirmación y exaltar así tu Palabra sagrada e inmutable.
Ordena para mí, oh mi Señor, y para aquellos que creen en Ti, lo que a tu juicio sea mejor para nosotros, tal como está establecido en el Libro Madre, pues en el dominio de tu mano sostienes las medidas exactas de todas las cosas.
Tus excelentes dádivas descienden incesantemente sobre aquellos que abrigan tu amor y las maravillosas señales de tus bondades celestiales son ampliamente repartidas entre aquellos que reconocen tu Unidad divina. A tu cuidado confiamos todo 1 que has destinado para nosotros y Te imploramos nos concedas todo lo bueno abarcado por tu conocimiento.
Protégeme, oh mi Señor, de todo mal que tu omnisciencia perciba, pues no hay ni poder ni fortaleza salvo en Ti, ni triunfo alguno que no emane de tu presencia y sólo a Ti corresponde ordenar. Todo lo que Dios ha deseado, ha sido; y lo que El no ha deseado, jamás será.
En ningún lugar existe poder o fortaleza salvo en Dios, el Más Exaltado, el M Poderoso.

¡Oh Señor! Permite que los pueblos de la tierra sean admitidos en el Paraíso de tu Fe, para que ningún ser creado pueda quedarse fuera de los límites de tu complacencia.
Desde tiempo inmemorial Tú has sido potente para hacer lo que Te place y superior a todo lo que Tú desees.

Concédeme, oh mi Dios, la medida completa de tu amor y tu complacencia y mediante las atracciones de tu luz resplandeciente extasía nuestros corazones, oh Tú que eres la Evidencia Suprema y a quien todos glorifican. Como señal de tu gracia, dirige hacia mí tus brisas vivificadoras durante el día y la noche, oh Señor de misericordia.
Nada he hecho, oh mi Dios, que me haga merecedor de la contemplación de tu rostro y sé de cierto que aunque viviera tanto tiempo como dure el mundo no lograría realizar acto alguno que mereciera este favor, pues el estado de un siervo jamás alcanzará el acceso a tus sagrados recintos, a menos que tu generosidad me alcance, penetre en mí tu tierna misericordia y me circunde tu amorosa bondad.
Toda alabanza sea para Ti, fuera del cual no existe otro Dios. Permíteme bondadosamente ascender a Ti, tener el honor de habitar en tu cercanía y tener comunión únicamente contigo. No hay Dios salvo Tú.
En verdad, si desearas otorgar tu bendición a un siervo, eliminarías del reino de su corazón cualquier mención o inclinación excepto tu propia mención. Y si le desearas mal a algún siervo debido a lo que sus manos injustamente han forjado ente tu rostro, le probarías con los bienes de este mundo y del venidero de forma que se preocupara por ellos y olvidara tu recuerdo.

Gloria sea a Ti, oh Señor. Tú que has traído a la existencia todas las cosas creadas, mediante el poder de tu voluntad.
¡Oh Señor! Ayuda a aquellos que han renunciado a todo salvo a Ti y confiéreles una gran victoria. Envíales, oh Señor, al concurso de los ángeles del cielo y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos, para que asistan a tus siervos, les socorran y les fortalezcan, les capaciten para alcanzar el éxito, les apoyen, les doten de gloria, les confieran honor y elevación, les enriquezcan y les hagan triunfadores con una asombrosa victoria.
Tú eres su Señor, el Señor de los cielos y de la tierra, el Señor de todos los mundos. Fortalece esta Fe, oh Señor, mediante el poder de esos siervos y haz que prevalezcan sobre todas las gentes del mundo; pues, en verdad, ellos son siervos tuyos que se han desprendido de todo excepto de Ti y Tú eres en verdad el protector de los creyentes verdaderos.
Permite, oh Señor, que sus corazones, mediante su fidelidad a esta Fe tuya inviolable, puedan hacer se más fuertes que todo lo que existe en los cielos y en la tierra y en lo que quiera que exista entre ambos; y fortalece, oh Señor, sus manos con las señales de tu sorprendente poder para que ellos puedan manifestar tu poder ante los ojos de toda la humanidad.
¡Oh Señor! A Ti acudo en busca de refugio y hacia todos tus signos dirijo mi corazón.
¡Oh Señor! Ya sea viajando o en casa, durante mis ocupaciones o en mi trabajo, en Ti deposito toda mi confianza.
Concédeme, pues, tu ayuda satisfaciente, que me haga independiente de todas las cosas, oh Tú Ser de misericordia insuperable.
Otórgame, oh Señor, mi parte, como sea de tu agrado, y. haz que me sienta satisfecho con lo que quiera que Tú hayas ordenado para mí.
Tú tienes autoridad absoluta para ordenar.

¡Oh Señor! Tú eres quien disipa todas las penas y elimina todas las aflicciones. Tú eres el que destierra cualquier pena y libera a todo esclavo, el Redentor de cada alma. ¡Oh Señor! Concédeme la libertad mediante tu misericordia y cuéntame entre aquellos siervos tuyos que han obtenido la salvación.

Desde toda eternidad Tú has sido y siempre serás, oh mi Señor, el único Dios verdadero, mientras que todos los demás fuera de Ti son pobres y necesitados. Asido fuertemente a tu cuerda, oh mi Señor, me he desprendido de toda la humanidad y con mi rostro dirigido hacia la morada de tu tierna merced, me he alejado de todas las cosas creadas. Inspírame bondadosamente, oh mi Señor, mediante tu bondad y gracia, tu gloria y majestad y tu dominio y grandeza, pues a nadie puedo encontrar que sea poderoso y todosapiente salvo a Ti. Protégeme, oh mi Dios, mediante la potencia de tu trascendente gloria que todo lo satisface y las huestes de los cielos y de la tierra, pues en nadie puedo depositar mi confianza excepto en Ti y no existe refugio alguno salvo Tú.
Tú eres Dios, mi Señor, Tú conoces mis necesidades, Tú ves mi estado y sabes bien lo que me ha acontecido a raíz de tu decreto y los sufrimientos terrenales que he soportado de acuerdo con tu voluntad y como señal de tu bondad y favor.

Contigo sean la gloria de las glorias y la más resplandeciente de las luces, oh mi Dios. Tu majestad es tan trascendente que está fuera del alcance de cualquier imaginación humana y tu consumado poder tan sublime que los pájaros de los corazones y mentes de los hombres jamás podrán alcanzar sus alturas. Todos los seres reconocen su impotencia para exaltarte como es digno de tu condición. Inmensurablemente alabado eres Tú. Nadie puede glorificar tu ser o sondear las evidencias de tu misericordia existente en tu más íntima Esencia, pues única mente Tú Te conoces a Ti mismo ya que estás en Ti mismo.
Te ofrezco mi alabanza, oh Señor nuestro Dios, por la bendición de haber llamado a la existencia al reino de la creación e invención, alabanza que brilla resplandeciente mediante la potencia de tu inspiración, que nadie salvo Tú puede estimar convenientemente. Te glorifico además y Te doy las gracias, tal como corresponde a tu presencia sobrecogedora y a la gloria de tu poderosa majestad, por esta bendición sublime, este signo maravilloso manifiesto en tus reinos de revelación y de creación.
Toda gloria sea para Ti. Inmensurablemente elevado es aquello que a Ti Te corresponde. En verdad, nadie ha comprendido adecuadamente la sublimidad de tu estado y ninguno salvo Tú mismo Te ha reconocido tal como es propio de Ti. Tú te manifiestas a través de las efusiones de tu bondad y nadie salvo Tú puede penetrar en la sublimidad de tu Revelación.
Magnificado sea tu nombre. ¿Hay algo excepto Tú mismo que tenga existencia independiente para poder insinuar cuál sea tu naturaleza; y hay alguien fuera de Ti que posea alguna traza de identidad con la que yo pueda reconocerte? Todas las cosas conocidas deben su renombre al esplendor de tu Nombre, el Más Manifiesto, y cada objeto está profundamente inspirado por la influencia vibrante que emana de tu voluntad invencible. Tú estás más cerca de todas las cosas que todas las cosas.
Alabado y glorificado eres Tú. Demasiado elevada está tu sublimidad para que las manos de aquellos que están dotados de conocimiento puedan alcanzarte y demasiado abstrusa es tu insondable profundidad para que los ríos de las mentes y entendimientos humanos puedan emerger de ella.

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso
Toda alabanza sea para Dios, quien era Eterno antes de que las cosas creadas fueran llamadas a la existencia, cuando no había nadie excepto El. El es Aquel que había sido Morador Eterno, mientras ningún elemento de su creación existía todavía. En verdad, las almas de aquellos que están dotados de entendimiento no llegan a comprender la más mínima manifestación de sus atributos y las mentes de quienes han reconocido su unidad son incapaces de percibir la más insignificante de las señales de su omnipotencia.
Santificado estás Tú, oh Señor mi Dios. Las lenguas de los hombres fracasan en su intento de ensalzar tu gloriosa obra, cuánto más titubearían pues en alabar la majestad de tu trascendente poder. Y si el entendimiento humano se encuentra sensible mente confuso al querer intuir el misterio de un simple objeto de tu creación, ¿cómo puede alguien llegar jamás al reconocimiento de tu propio Ser?
Yo Te he conocido al haberme hecho saber que Tú eres incognoscible para cualquiera salvo para Ti mismo. Yo he llegado a apreciar, gracias a la creación a la que Tú has dado forma partiendo de la pura inexistencia, que el camino para llegar a la comprensión de tu Esencia está vedado a todos. Tú eres Dios, más allá del cual no existe otro Dios. Nadie fuera de tu propio Ser puede comprender tu naturaleza. Tú no tienes igual, ni colaborador. Desde siempre Tú has estado solo, sin ningún otro salvo Tú mismo y hasta siempre seguirás estando igual, mientras que jamás se aproximará cosa creada alguna a tu exaltada posición.
Todos los hombres, oh mi Dios, confiesan su impotencia para conocerte tal como Tú conoces a tu propio Ser; el impulso generador que Tú has libera do está manifiesto en la creación entera y todas las cosas creadas que Tú has modelado no son sino ex presiones de tus maravillosos signos. Magnificado sea tu nombre; Tú estás infinitamente por encima de los esfuerzos de cualquiera de tus criaturas para alcanzar tu reconocimiento, tal como es digno y propio de Ti.
¡Alabanzas Te sean dadas! La forma en que Tú has llamado a la existencia a tu creación, desde la pura inexistencia, impide a todas las cosas creadas reconocerte y la manera en que Tú has dado forma a las criaturas, con las limitaciones impuestas sobre ellas, proclama su total insignificancia ante las revelaciones de tus atributos.
Exaltado eres Tú, oh mi Dios. La humanidad entera es impotente para celebrar tu gloria y las mentes de los hombres fracasan en su deseo de ofrecerte su alabanza. Soy testigo en tu presencia, oh mi Dios, de que Tú Te das a conocer mediante tus maravillosos signos y eres reconocido mediante las revelaciones de tus señales. El hecho de que Tú nos has traído a la existencia me induce a reconocer ante Ti que Tú estás infinitamente por encima de nuestra alabanza, y, en virtud de las cualidades con las que Tú has dotado nuestros seres, testifico ante Ti que Tú trasciendes nuestra comprensión.
Permíteme remontarme a las más nobles alturas en mi acercamiento a Ti y deja que pueda aproximarme a Ti mediante la fragancia de tu santidad. Que puedan así desvanecerse todas las limitaciones mediante la luz del éxtasis desaparezca la lejanía de Ti con mi llegada a los asientos de reunión y que los sutiles velos que me han impedido entrar en tu mansión de gloria se disipen de tal forma que pueda yo ganar acceso a tu presencia, establecer mi mora da cerca de Ti y entonar las expresiones de alabanza con que Tú me has descrito tu propio Ser, atestiguando que Tú eres Dios, que no existe más Dios que Tú, el Uno, el Incomparable, el Eterno Morador; que Tú no engendras, ni eres engendrado, que no tienes descendiente, ni compañero, ni existe protector alguno contra la humillación salvo Tú y que Tú eres el señor de todos los mundos. Soy igualmente testigo de que todas las cosas fuera de Ti no son sino Tus criaturas y están bajo el dominio de tu mano. Ningún ser es favorecido con bienes o vive en la necesidad a no ser que así lo decrete tu voluntad. Tú eres el Rey de días eternos y el Regidor supremo. Tu poder domina a todas las cosas y todas las cosas creadas existen por tu deseo. Toda la humanidad reconoce su humilde servidumbre y confiesa sus limitaciones y no existe cosa alguna que no celebre tu alabanza.
Yo Te pido, oh mi Dios, por la gloria de tu misericordioso Semblante y por la majestad de tu antiguo Nombre, que no me prives de la Fragancia vivificadora de las evidencias de tus Días —Días que Tú mismo has inaugurado y originado.

Tú eres Dios, no hay Dios salvo Tú.
¡Alabado y glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Tú gozas de supremacía sobre el reino del ser y tu poder alcanza a todas las cosas creadas. Tu sostienes el reino de la creación en tu mano y llamas a la existencia según Te place.
¡Toda alabanza sea para Ti, oh Señor mi Dios! Yo Te imploro, por aquellas almas que están esperan do ansiosamente a la entrada de tu puerta y por aquellos seres santos que han alcanzado la corte de tu presencia, que dirijas hacia nosotros los destellos de tu tierna compasión y nos mires con los ojos de tu amorosa providencia. Haz que nuestros corazones se enciendan con el fuego de tu tierno afecto y danos de beber del agua viviente de tu bondad. Mantennos firmes en el sendero de tu ardiente amor y permite que moremos dentro de los recintos de tu santidad. En verdad, Tú eres el Donador, el Más Generoso, el Omnisciente, el Informado de todo.
¡Glorificado eres Tú, oh mi Señor! Yo Te invoco, por tu Más Gran Nombre, mediante el cual los secretos ocultos de Dios —el Más Exaltado— fueron divulgados y los hijos de todas las naciones convergieron hacia el centro focal de la fe y la certeza, mediante el cual tus luminosas Palabras fluyeron para dar vida a la humanidad y la esencia de todo conocimiento fue revelado desde esa Encarnación de bondad, que puedan mi vida, mi ser interior, mi alma y mi cuerpo ser ofrecidos como un sacrificio al polvo ennoblecido por sus huellas.
Yo Te pido fervorosamente, oh Señor mi Dios, por tu Nombre más glorioso, —mediante el cual tu soberanía ha sido establecida y las señales de tu poder han sido manifestadas y mediante el cual los océanos de la vida y del éxtasis sagrado se han agitado para revivificar los huesos pulverizados de todas tus criaturas y para animar los miembros de aquellos que han abrazado tu Causa— yo Te pido fervorosa mente que ordenes bondadosamente para nosotros el bien de este mundo y del venidero, que nos permitas ganar acceso a la corte de tu merced y amorosa bondad y que enciendas en nuestros corazones la llama de la alegría y el éxtasis, de tal forma que sean atraídos así los corazones de todos los hombres.
En verdad, Tú eres el Todopoderoso, el Protector, el Omnipotente, el que subsiste por Sí mismo.

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! Yo Te suplico me perdones a mí y a quienes sostienen tu Fe. En verdad, Tú eres el Señor soberano, el Perdonador, el Más Generoso. ¡Oh mi Dios! Permite que aquellos de tus siervos que están privados de conocimiento sean admitidos en tu Causa; pues en cuanto saben de Ti, atestiguan la verdad del Día del Juicio y no disputan las revelaciones de tu bondad. Haz descender sobre ellos los signos de tu gracia y con cédeles, dondequiera que residan, una parte abundante de lo que has ordenado para los piadosos de entre tus siervos. Tú eres, en verdad el Supremo Regidor, el Todo Bondadoso, el Más Benévolo. ¡Oh mi Dios! Deja que las lluvias de tu misericordia y bendiciones desciendan sobre los hogares cuy os moradores hayan abrazado tu Fe, como muestra de tu gracia y señal de tu amoroso cuidado. Verdaderamente, tu capacidad de perdón es insuperable. Si retiraras tus bendiciones de alguien, ¿cómo podría el contarse entre los seguidores de la Fe en tu Día?
Bendíceme, oh Señor a mi y a aquellos que creerán en tus signos el Día señalado y a quienes albergan amor hacia mi en sus corazones, un amor que Tú creas en ellos. En verdad Tú eres el Señor de justicia, El Más Exaltado.
Inmensurablemente elevado estás Tú, oh mi Dios, por encima de los esfuerzos de todos los seres y cosas creadas para alabarte y reconocerte. Ninguna criatura puede jamás comprenderte como corresponde a la realidad de tu sagrado Ser y ningún siervo puede jamás adorarte como es digno de tu incognoscible Esencia. Alabado seas Tú; demasiado elevado está tu exaltado Ser para que ninguna alusión procedente de tus criaturas gane jamás acceso a tu presencia. Cada vez que me remontaba, oh mi Dios, a tu sagrada atmósfera y alcanzaba el más profundo espíritu de oración hacia Ti, reconocía que Tú eres inaccesible y que jamás mención alguna de Ti puede llegar a tu corte trascendente. Por ello, me vuelvo hacia tus Amados —Aquellos a quienes generosamente has conferido tu propio estado— para que puedan manifestar tu amor y tu verdadero conocimiento. Bendíceles pues, oh mi Dios, con toda distinción y dádiva excelente que tu conocimiento pueda concebir dentro del dominio de tu poder.
Oh mi Dios, mi Señor y mi Maestro. Juro por tu poder y gloria que únicamente Tú y sólo Tú eres el deseo final de todos los hombres y que solamente Tú y ningún otro salvo Tú eres el objeto de adoración. ¡Oh mi Dios! Los senderos de tu gloria inaccesible me han impulsado a entonar estas palabras y los caminos de tus alturas inalcanzables han guiado a hacer estas alusiones. ¡Exaltado eres Tú, oh mi Señor! Las evidencias de tu re velación están demasiado manifiestas para que yo precise referirme a cualquier cosa fuera de Ti mismo, y el amor que guardo por Ti es mucho más dulce a mi paladar que el conocimiento de todas las cosas y me libra de la necesidad de buscar el cono cimiento de cualquier otro salvo Tú.
Toda alabanza sea para Ti, oh mi Señor. Creo verdaderamente en Ti, tal como eres en Ti mismo; y de Ti, tal como eres en Ti mismo pido perdón de parte de Mí y para toda la humanidad.
¡Oh mi Dios! Me he vuelto enteramente hacia tu rostro y me he postrado ante Ti. No tengo poder sobre nada en tu sagrada presencia. Si me castigaras con tu poder, serías en verdad justo en tu decreto; y si me concedieras cada una de tus dádivas excelentes, serías en verdad sumamente generoso y bondadoso. Verdaderamente, Tú eres independiente de todas las gentes del mundo.
He buscado la reunión contigo, oh mi Maestro, y sin embargo no he podido alcanzarla salvo a través del conocimiento del desprendimiento de todo excepto de Ti. He anhelado tu amor, pero no he con seguido encontrarlo más que en la renuncia a todo lo que no seas Tú mismo. He deseado fervientemente adorarte y sin embargo no he podido alcanzar tu adoración, salvo amando a aquellos que albergan amor hacia Ti. A nadie reconozco, oh mi Señor, excepto a Ti. Tú eres incomparable y no tienes socio alguno. Únicamente Tú conoces nuestras imperfecciones y nadie más posee este conocimiento.
Te pido perdón por lo que quiera que Te desagrade.
Yo Te invoco en todo momento con la lengua de tu inspiración diciendo: "Tú eres en verdad el que todo lo posee, el Incomparable. No hay Dios salvo Tú. Infinitamente lejos y elevado estás Tú de las descripciones de aquellos que arrogantemente Te comparan a otros".

Toda majestad y gloria, oh mi Dios, y toda luz y dominio y grandeza y esplendor sean para Ti. Tú otorgas soberanía a quienquiera Tú desees y se la niegas a quien quieras. No hay Dios salvo Tú, el que todo lo posee, el Más Elevado. Tú eres Aquel que crea de la nada el universo y todos los que en él ha bitan. No existe nada digno de Ti, excepto Tú mismo, mientras que todos los demás son como proscritos ante tu presencia y como nada comparados con la gloria de tu propio Ser.
Lejos esté de mi la intención de ensalzar tus virtudes de otra forma que no sea por la que Tú Te has ensalzado a Ti mismo en tu poderoso Libro, don de dices: "Ningún ojo Le percibe, más El todo lo percibe. El es el Astuto, el que todo lo ve" 80. Gloria sea a Ti, oh mi Dios; en verdad ninguna mente u ojo alguno, por agudo o crítico que sea, puede jamás comprender la naturaleza del más insignificante de tus signos. Verdaderamente Tú eres Dios, no hay Dios más que Tú. Atestiguo que Tú Mismo, por Ti solo, eres la única expresión de tus atributos, que ninguna alabanza salvo la tuya misma puede jamás alcanzar tu sagrada corte, ni pueden tus atributos ser concebidos por alguien fuera de Ti mismo.
80. Ibíd. 6:103
Gloria sea a Ti; Tú estás por encima de la descripción de cualquiera salvo Tú mismo, pues no está al alcance de la concepción humana el magnificar adecuadamente tus virtudes o comprender la realidad íntima de tu Esencia. Lejos está de tu gloria el que tus criaturas Te describan o el que cualquiera salvo Tú mismo Te conozca jamás. Yo Te he conocido, oh mi Dios, porque Tú Te has dado a conocer a mí, pues si no Te hubieras revelado a mí, no Te habría conocido. Yo Te rindo culto gracias al llama miento que Tú me has hecho, pues de no haber sido por tus llamadas yo no Te habría adorado. Alabado eres Tú, oh mi Dios. Mis transgresiones han adquirido gran tamaño y mis pecados han asumido graves proporciones. ¡Cuán desgraciada será mi condición ante tu santa presencia! No he llegado a conocerte en la medida en que Tú Te revelaste a mi; no he llegado a adorarte con una devoción digna de tus 1iamadas no he llegado a obedecerte por no caminar por el sendero de tu amor en la manera en que Tu me inspiraste.
Tu poder me lo atestigua, oh mi Dios aquello que sea digno de Ti es mucho más grande y está muy por encima de lo que cualquier ser pueda intentar cumplir. En verdad, nada podrá jamás comprender te como Te corresponde, ni criatura servil alguna adorarte como es propio de Tu adoración. Tan perfecta y amplia es tu prueba, oh mi Dios, que su esencia íntima trasciende la descripción de cualquier alma y tan abundantes son las efusiones de tus dádivas que ninguna facultad puede valorar su rango infinito.
¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Maestro! Yo te imploro por tus múltiples bondades y por los pilares que sostienen tu trono de gloria, que tengas piedad de estas gentes humildes que son impotentes para soportar las cosas desagradables de esta vida fugaz; cuánto peor, pues, soportarían tu castigo en la vida venidera —un castigo ordenado por tu justicia, causado por tu ira y que seguirá existiendo eternamente.
Te pido por Ti Mismo, oh mi Dios, mi Señor y mi Maestro, que intercedas por mí. He huido de tu justicia hacia tu misericordia. Para mi protección Te estoy buscando, al igual que aquellos que no se apartan de tu camino, ni durante un abrir y cerrar de ojos, —aquellos por cuyo amor Tú creaste la creación, como señal de tu misericordia y gracia.

¡Oh mi Dios! A nadie tengo salvo a Ti que pueda calmar el ansia de mi alma y Tú eres mi mas eleva da aspiración, oh mi Dios. Mi alma sólo está desposada a Ti y a aquellos a quienes Tú amas. Declaro solemnemente que tanto mi vida como mi muerte están dedicadas a Ti. En verdad Tú eres incomparable y no tienes igual.
¡Oh mi Señor! Yo Te suplico me perdones por haberme ocultado a Ti. ¡Por tu gloria y majestad! Yo he fallado en reconocerte y adorarte debidamente, mientras que Tú Te das a conocer a mí y me re cuerdas como es propio de tu posición. Grave sería mi pena, oh mi Señor, si Tú me reprendieras por mis transgresiones y malos actos. No conozco otra ayuda salvo Tú. No tengo refugio alguno hacia el cual correr salvo Tú. Ninguna de tus criaturas puede atreverse a interceder ante Ti sin tu permiso. Yo me aferro firmemente a tu amor, ante tu corte y de acuerdo con tu mandato Te elevo mi oración fervorosamente, tal como corresponde a tu gloria. Te ruego atiendas mi llamamiento como Tú me has prometido. En verdad, Tú eres Dios; no hay Dios sino Tú. Sólo y sin la ayuda de nadie, Tú eres independiente de todas las cosas creadas. Ni la devoción de tus amantes puede beneficiarte, ni los malos hechos de los infieles dañarte. En verdad Tú eres mi Dios, quien jamás faltará a su promesa.
¡Oh mi Dios! Yo Te pido por las evidencias de tu favor, me permitas acercarme a las sublimes alturas de tu sagrada presencia y me guardes de inclinarme hacia las alusiones sutiles de cualquier otro salvo Tú. Guía mis pasos, oh mi Dios, hacia lo que para Ti es aceptable y placentero. Protégeme, mediante tu poder, de la furia de tu ira y de tu castigo y no me permitas entrar en los recintos no deseados por Ti.

¡Oh mi Dios! No he podido conocerte como es digno de tu gloria y no Te he temido como incumbe a mi condición. ¿Cómo puedo hacer mención de Ti encontrándome en este estado cómo puedo dirigir mi rostro hacia Ti cuando no he cumplido con mi deber de adorarte?
Tú no me trajiste a la existencia para demostrar la potencia de tu poder, que es inequívocamente manifiesta y evidente; pues Tú eres Dios, quien eternamente existía cuando no había ninguna otra cosa. Más bien nos creaste mediante tu poder trascendente para que se pudiera hacer una sencilla mención de nosotros antes de la resplandeciente manifestación de tu Recuerdo.
No tengo otro conocimiento de Ti, oh mi Dios, que el que Tú me has enseñado, para poder reconocer tu Ser —un conocimiento que refleja únicamente mi falta y mis pecados. Heme aquí pues, oh mi Dios, enteramente consagrado a Ti, deseando hacer lo que Tú deseas. Humildemente me postro ante las revelaciones de tu misericordia, confesando que Tú eres Dios, que no hay Dios salvo Tú, que Tú eres incomparable, no tienes compañero y nada existe que Te iguale. De ello Tú mismo eres testigo, tal como corresponde a tu gloria.

El es Dios, el Regidor Soberano, el Eterno, Aquel cuya ayuda todos los hombres imploran.
Alabado y glorificado eres Tú, oh Señor. El mundo de la existencia y las almas de los hombres atestiguan que Tú eres trascendente sobre las revelaciones de tu obra; y los portadores de tus nombres y atributos proclaman que Tú eres infinitamente superior a las alabanzas que los moradores de los dominios de la creación y la invención puedan ofrecerte. Todas las apariencias y realidades indican la unidad de tu Esencia y todas las evidencias y señales reflejan la verdad de que Tú eres Dios y de que en todos los reinos del cielo y de la tierra Tú no tienes igual ni compañero.
Inmensamente elevado y santificado eres Tú, oh Señor. Tu Ser divino testifica que Tú eres inescrutable a todos los que habitan en tu reino de existencia; y tu Esencia íntima proclama que estás muy por encima de la descripción de aquellos que revelan tu gloria.
Las señales que las esencias santificadas revelan y las palabras que las realidades supremas expresan y las alusiones manifestadas por los seres etéreos todos proclaman que Tú estás inmensurablemente exaltado por encima del alcance de las personificaciones del reino del ser y todos afirman solemne mente que Tú eres inmensamente superior a la descripción de aquellos que están ofuscados por los velos de la Fantasía.
Alabado seas Tú, oh Señor. Tu Ser divino testimonia ciertamente la unidad de tu más íntima Esencia y tu divinidad suprema atestigua la unidad de tu Ser; y las realidades de todas las cosas creadas son testigos de que no existe lazo alguno que Te una a nada de lo que existe en el reino de la creación que Tú has modelado.
Todo hombre de discernimiento que haya ascendido a las elevadas alturas del desprendimiento y cualquier hombre de elocuencia que haya alcanzado el más sublime estado atestigua que Tú eres Dios, el Incomparable, y que Tú no has nombrado asocia do alguno para Ti mismo en el reino de la creación, ni existe persona alguna que pueda compararse a Ti en el reino de la invención. Hombres de sabiduría, que no tenían más que una pequeña noción de la re velación de tu gloria, han concebido tu apariencia de acuerdo con su propio entendimiento; y hombres de erudición, que no habían obtenido más que un detalle de las múltiples evidencias de tu amorosa bondad y gloria, han ideado comparaciones tuyas conforme a sus propias imaginaciones.
Glorificado, inmensamente glorificado eres Tú oh Señor. Cualquier hombre de entendimiento yerra en su intento de reconocerte y todo hombre de consumada sabiduría se encuentra profundamente confuso en su búsqueda de Ti. Ninguna evidencia alcanza tu incognoscible Esencia y toda luz retrocede y se sumerge en el horizonte al compararse con un simple destello del resplandor deslumbrante de tu poder.
Concédeme, oh mi Señor, tu bondadosa merced y tus dones benevolentes, y otórgame aquello que corresponda a la sublimidad de tu gloria. Ayúdame, oh mi Señor, a lograr una victoria única. Abre ante mí la puerta del éxito seguro y apresura el cumplimiento de las cosas que Tú has prometido. Tú eres verdaderamente poderoso sobre todas las cosas. Refresca mi corazón, oh mi Dios, con las aguas vivientes de tu amor y dame un sorbo, oh mi Maestro, del cáliz de tu tierna misericordia. Déjame habitar, oh mi Señor, dentro de la morada de tu gloria y permite, oh mi Dios, que emerja de las tinieblas en que tu divina oscuridad está envuelta. Dé jame participar de todo lo bueno que Tú has concedido a quien es el Punto y a aquellos que son los exponentes de tu Causa y ordena para mí lo que es propio de Ti y corresponde a tu estación. Perdóname bondadosamente por las cosas que he obrado en tu santa presencia y no me mires con los ojos de la justicia, sino más bien líbrame mediante tu gracia, obséquiame con tu misericordia y trátame según tus bondadosos favores, como corresponde a tu gloria.
Tu eres el Eterno Perdonador, el Todo-Glorioso, el que concede favores y dádivas, el Señor de misericordia abundante. En verdad no hay Dios salvo Tú. Tú eres el que todo lo posee, el Más Alto.
Santificado eres Tú, oh Señor, a quien todos ofrecen gracias. Cualquier cosa que yo pudiera afirmar de Ti no sería más que un delito caprichoso ante Ti, cualquier mención de Ti que yo pueda querer hacer sería la esencia misma de la trasgresión y no importa cuál fuera la alabanza por la que pudiera glorificarte, resultaría una pura blasfemia. Ninguno salvo Tu mismo ha podido ni jamás comprender tu misterio y nadie ha logrado ni logrará en ningún momento descubrir tu esencia.
Magnificado eres Tú. No hay Dios sino Tú. Tú eres en verdad el Supremo Regidor, quien ayuda en el peligro, el Más alto, el Incomparable, el Omnipotente, el Todopoderoso. En verdad Tú eres Valeroso, Tú eres el Señor de trascendente gloria y majestad.
Protege, oh Dios, a quienquiera aprenda esta oración de memoria y la recite durante el día y la noche. En verdad Tú eres Dios, el Señor de la creación, el Suficiente. Tú eres fiel a tu promesa y haces todo lo que Te place. Tú eres quien tiene en sus manos los dominios de la tierra y del cielo. Verdaderamente, Tú eres el Poderoso, el Inaccesible, el que ayuda en el peligro, el que todo lo impone.

¡Oh mi Dios, mi Señor y mi Maestro! Me he des prendido de mi familia y a través de Ti he buscado ser independiente de todos los que habitan en la tierra y estar siempre dispuesto a recibir lo que es digno a tus ojos. Concédeme todo el bien que me haga independiente de todo lo que no seas Tú y otórgame una porción más amplia de tus ilimitados favores. En verdad, Tú eres el Señor de gracia abundante.

¡Por tu poder, yo Te imploro, oh mi Dios! No dejes que ningún mal me asedie en momentos de prueba y en momentos de distracción guía mis pasos rectamente por medio de tu inspiración. Tú eres Dios; potente eres Tú para hacer lo que deseas. Nadie puede resistir tu voluntad o desviar tu propósito.
Imploro tu perdón, oh mi Dios y Te pido disculpas, según la manera que Tú deseas que Tus siervos se dirijan hacia Ti. Yo Te suplico nos limpies de nuestros pecados como corresponde a tu Señorío y me perdones a Mi, a mis padres y a aquellos que a su juicio han entrado en el recinto de tu amor de una manera digna de tu trascendente soberanía y apropiada a la gloria de tu poder celestial.
¡Oh mi Dios! Tú has inspirado mi alma para que eleve su súplica hacia Ti; si no fuera por Ti, yo no Te invocaría. Alabado y glorificado eres Tú; a Ti ofrezco mi alabanza, pues Tú Te revelaste a mí, y Te pido me perdones, porque he faltado a mi deber de conocerte y no he caminado por el sendero de tu amor.

¡Alabado sea tu Nombre, oh Señor nuestro Dios! Tú eres, en verdad, el Conocedor de lo invisible. Ordena para nosotros todo lo bueno que tu conocimiento que todo lo abarca pueda medir. Tú eres el Señor soberano, el Todopoderoso, el Más Amado.
Toda alabanza sea para Ti, oh Señor. Buscaremos tu gracia en el Día señalado y pondremos toda nuestra confianza en Ti, que eres nuestro Señor. ¡Glorificado eres Tú, oh Dios! Concédenos lo que sea bueno y decoroso para que podamos prescindir de todo salvo de Ti. Verdaderamente Tú eres el Señor de todos los mundos.
¡Oh Dios! Recompensa a quienes resisten pacientemente en tus días y fortalece sus corazones para caminar sin desviarse por el sendero de la Verdad. Otórgales, oh Señor, tales dádivas excelentes que les permitan obtener la entrada en tu bendito Paraíso. Exaltado eres Tú, oh Señor Dios. Permite que tus dichosas bendiciones desciendan sobre los hogares cuyos moradores han creído en Ti. En verdad, insuperable eres Tú en la concesión de bondades divinas. Envía, oh Dios, las huestes que hagan victoriosos a tus fieles servidores. Tú das forma a las cosas creadas mediante el poder de tu decreto, según tu voluntad. Tú eres en verdad el Soberano, el Creador, el Omnisapiente.
Di: Dios es en verdad el Hacedor de todas las cosas. El da sostenimiento en abundancia a quienquiera El desea. El es el Creador, el Origen de todos los seres, el Modelador, el Todopoderoso, el Hacedor, el Omnisapiente. El es el Poseedor de los más excelentes títulos en los cielos y en la tierra y en todo lo que existe entre ambos. Todos acatan su mandato y todos los habitantes de la tierra y del cielo celebran su alabanza y a El todos regresaremos.

A través de tu revelación, oh mi Dios, Tú me has permitido conocerte y mediante el brillo de tu esplendor refulgente me has inspirado con tu recuerdo. Tú eres el que está más cerca de mi y no existe nada entre Tú y yo. Tú eres Aquel cuyo poder nada puede frustrar. Lejos está, pues, de tu Esencia el que los más poderosos pájaros de las almas de los hombres o de la imaginación humana escalen jamás sus alturas y demasiado exaltado es tu santo Ser para que los más nobles sentimientos de los hombres de entendimiento, puedan llegar hasta Ti. Desde toda eternidad, nadie ha comprendido tu propio Ser y hasta toda eternidad seguirás siendo lo que has sido desde tiempo inmemorial, sin ningún otro salvo Tú.
Magnificado sea tu Nombre; Tú eres el Más Amado, quien me ha permitido conocerte, y Tú eres el Renombrado por todos, Quien me ha favorecido generosamente con su amor. Tú eres el Antiguo de los Días, a quien nadie puede jamás describir a través de las evidencias de tu gloria y majestad, y Tú eres el Poderoso, a quien nadie puede jamás comprender mediante las revelaciones de tu grandeza y belleza, pues las expresiones de majestad y grandeza y los atributos del dominio y la belleza no son sino muestras de tu Voluntad divina y los luminosos reflejos de tu soberanía, que por su misma esencia y naturaleza proclaman que el camino está vedado y atestiguan que el sendero se encuentra infinitamente lejos del alcance de los hombres.

En el Nombre de tu Señor, el Creador, el Soberano, el Suficiente, el Más Exaltado, Aquel cuya ayuda todos los hombres imploran.
Di: ¡Oh mi Dios! ¡Oh Tú que eres el Hacedor de los cielos y de la tierra! ¡Oh Señor del Reino! Tú bien conoces los secretos de mi corazón, mientras que tu ser es inescrutable a todos salvo a Ti mismo. Tú ves todo lo relacionado conmigo, mientras que ningún otro puede hacer esto salvo Tú. Concédeme, mediante tu gracia, aquello que me permita prescindir de todo excepto de Ti y destina para mí aquello que me haga independiente de cualquiera salvo de Ti, Permite que pueda cosechar el beneficio de mi vida en este mundo y en el venidero. Abre ante mí las puertas de tu gracia y confiéreme bondadosamente tu tierna misericordia y dones.
¡Oh Tú que eres el Señor de gracia abundante! Deja que tu ayuda celestial rodee a quienes Te aman y otórganos los dones y bondades que Tú posees. Sé Tú suficiente para nosotros en todas las cosas, perdona nuestros pecados y ten piedad de nosotros. Tú eres nuestro Señor y el Señor de todas las cosas creadas. A ningún otro invocamos más que a Ti y ninguna cosa anhelamos salvo tus favores. Tú eres el Señor de bondad y gracia, invencible en tu poder y el más hábil en tus planes. No hay Dios sino Tú, el que todo lo posee, el más Exaltado.
Otorga tus bendiciones, oh mi Señor, a los Mensajeros, los santos y los justos. Tú en verdad eres Dios, el Incomparable, el que todo lo compele.

¡Glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Tú eres en verdad el Rey de reyes. Tú confieres soberanía a quienquiera Tú deseas y se la arrebatas a quien quiera Tú deseas. Tú elevas a quienquiera Tú deseas y degradas a quienquiera Tú deseas. Tú concedes la victoria a quienquiera Tú deseas y humillas a quien quiera Tú deseas. Tú otorgas riquezas a quienquiera Tú deseas y reduces a la pobreza a quienquiera Tú de seas. A quienquiera Tú deseas haces que prevalezca sobre quienquiera Tú deseas. En tu mano sostienes el imperio de todas las cosas creadas y mediante la potencia de tu soberana voluntad Tú traes a la existencia a quienquiera Tú deseas. Verdaderamente, Tú eres el Omnisciente, el Omnipotente, el Señor de poder.

¡Alabado y glorificado eres Tú, oh Dios! Permite que el día de la llegada a tu santa presencia se aproxime rápidamente. Alegra nuestros corazones mediante la potencia de tu amor y complacencia, y danos firmeza para que podamos someternos con gusto a tu Voluntad y tu Decreto. En verdad, tu conocimiento abarca a todas las cosas que Tú has creado o crearás y tu poder celestial trasciende lo que quiera que Tú hayas traído o traigas a la existencia. No hay nadie a quien orar salvo Tú; no hay nadie a quien desear excepto Tú; no hay nadie a quien adorar fuera de Ti y nada que amar salvo tu complacencia.
En verdad Tú eres el soberano Regidor, la Verdad soberana, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí Mismo.

Tú conoces perfectamente, oh mi Dios, las tribulaciones que han llovido sobre mí desde todas partes y que nadie puede disiparlas o transformarlas excepto Tú. Sé de cierto, en virtud de mi amor por Ti, que Tú jamás causas tribulaciones a ningún alma, a menos que desees elevar su estado en tu Paraíso Celestial y reforzar su corazón en esta vida terrena con el baluarte de tu poder compelente, para que no se incline hacia las vanidades de este mundo. Tú sabes de cierto que en todas condiciones yo apreciaría el recuerdo de Ti mucho más que la posesión de todo lo que existe en los cielos y en la tierra.
Fortalece mi corazón, oh mi Dios, en tu obediencia y en tu amor permite que pueda estar lejos de toda la compañía de tus adversarios. En verdad, juro por tu gloria que no anhelo nada salvo a Ti, ni deseo cosa alguna excepto tu misericordia, ni temo otra cosa que no sea tu justicia. Te suplico me perdones, así como a quienes Tú amas, de la forma en que Tú desees. En verdad Tú eres el Todopoderoso, el Bondadoso.
Inmensamente elevado estás Tú, oh Señor de los cielos y de la tierra, por encima de la alabanza de todos los hombres. La paz sea con tus fieles servidores y la gloria sea para Dios, el Señor de todos los mundos.

¡Alabanzas Te sean dadas, oh Señor mi Bienamado! Hazme firme en tu Causa y permite que pueda ser contado entre quienes no han violado tu Convenio ni seguido a los dioses de sus propias vanas fantasías. Permíteme, pues, obtener un asiento de verdad en tu presencia, concédeme una muestra de tu misericordia y deja que me una a aquellos siervos tuyos que ni tendrán temor ni serán castigados. No me abandones a mí mismo, oh mi Señor, ni me prives de reconocer a Aquel que es la Manifestación de tu propio Ser, ni me cuentes entre quienes se ha apartado de tu santa presencia. Tenme, oh mi Dios, entre aquellos que tienen el privilegio de fijar sus ojos en tu Belleza y quienes sienten tal dicha por ello que no cambiarían ni uno sólo de esos momentos por la soberanía del reinado de los cielos y de la tierra o con el reino entero de la creación. Ten misericordia de mí, oh Señor, en estos días en que las gentes de tu tierra han errado gravemente; provéeme, pues, oh mi Dios, con aquello que a tu juicio sea bueno y decoroso. Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Generoso, el Bondadoso, el que siempre perdona.
Permite, oh mi Dios, que no sea contado entre aquellos cuyos oídos están sordos, cuyos ojos son ciegos, cuyas lenguas están mudas y cuyos corazones no han llegado a comprender. Líbrame, oh Señor, del fuego de la ignorancia y del deseo egoísta, permite que sea admitido en los recintos de tu trascendente misericordia y envíame aquello que Tú has ordenado para tus elegidos. Potente eres Tú para hacer lo que deseas. En verdad, Tú eres el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

¡Oh mi Dios, oh mi Señor, oh mi Maestro! Te suplico me perdones por buscar otro placer que no sea tu amor, o consuelo alguno que no sea tu cercanía, o alegría alguna que no sea tu complacencia, o existencia alguna que no fuera la comunión contigo.

Tú ves, oh mi Señor, mi lugar de habitación en el corazón de esta montaña y Tú eres testigo de mi paciencia. En verdad, no he deseado nada salvo tu amor y el amor de aquellos que Te aman. ¿Cómo puedo alabar la resplandeciente belleza de tu Señorío, consciente como soy de mi nulidad ante la morada de tu gloria? A pesar de ello, la pena de la soledad y el abandono me impulsan a invocarte a través de esta oración, para que quizás así tus siervos de confianza puedan darse cuenta de mis lamentos, suplicarte de mi parte y Tú respondas generosamente a sus oraciones como muestra de tu gracia y tu favor. Yo soy testigo de que no hay Dios salvo Tú, pues Tú estás investido de tal soberanía, grandeza, gloria y poder que ninguno de tus siervos puede imaginar o comprender. Verdaderamente Tú, en virtud de lo que es inherente a tu Esencia, permanecerás por siempre inescrutable a todos salvo a Ti Mismo.

¿Hay alguien que pueda librarnos de las dificultades salvo Dios? Di: ¡Alabado sea Dios! ¡El es Dios! ¡Todos somos sus siervos y todos acatamos su mandato!


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